El año pasado, la Comisión de selección sacó una nota en enero informando de la fecha probable de realización del primer ejercicio, y yo confiando ciegamente en la dichosa nota informativa ya tenía, a principios de mayo, mis vacaciones atadas de cabo a rabo. Así que me pasé un mes sufriendo (un mes lleeeeeno de rumores) hasta que la fecha se hizo oficial, imaginando el dinero que iba a hacer perder a mi madre y sobretodo las vacaciones que yo me iba a perder como el exámen no fuese el 1 de julio.Este año he sido más cauta y no he movido ni un dedo hasta que no he sabído con exactitud cuál era el día D. Eso sí, este año, como el anterior, me voy corriendo de aquí poquitas horas después de hacer el exámen, y es que si temo el momento exámen, no temo menos las horas siguientes de lucha conmigo misma por no comprobar los apuntes, consultar con algún compañero, mirar cada dos minutos en internet... Además el año pasado comprobé que yéndome consigo olvidarme casi por completo de que acabo de hacer un exámen y de lo mucho que me juego con el resultado.
Este año he elegido vacaciones "de no hacer nada", de tirarme en la arena, de hacer el muerto en el mar, de leer, de pasear...
Ya queda menos, y aunque lo que queda no es un camino de rosas, es más llevadero imaginando el olor del mar.




